segunda-feira, 3 de fevereiro de 2020

Los sabores y las emociones en el lenguaje


El gusto es el sentido corporal que nos permite experimentar sensaciones gracias al sabor de los alimentos. Pero el gusto no se restringe a la alimentación, sino que se extiende incluso a las relaciones personales, cuando, por ejemplo, nos referimos a sabores para cualificar el carácter de una persona.

Decimos que alguien es dulce cuando lo consideramos afable, dócil y sensible. Las personas dulces se preocupan por los demás y son capaces de tragarse una ofensa por no lastimar a quien le haya ofendido. Son personas cuya compañía resulta tan placentera como el chocolate. Pero cuidado, que demasiado azúcar puede resultar empalagoso.

En España, el adjetivo salado se aplica a aquellas personas que resultan divertidas, simpáticas e ingeniosas, que cautivan fácilmente a quienes le rodean con su buen humor. Pero ¡ojo!, en Uruguay, una persona salada es alguien repelente, insoportable, es decir, todo lo contrario que en España. Y en América Central, Antillas, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela, este adjetivo se aplica a una persona desafortunada.

Por otro lado, las personas ácidas son aquellas que tienen un humor sarcástico, hiriente, ofensivo, burlón. Este tipo de persona disfruta generando polémicas, así que lo mejor es no darles cuerda. Suelen tener una inteligencia refinada, pero la usan de manera ponzoñosa. El azúcar es la mejor opción para enfrentar un limón, así como en la culinaria, en las relaciones humanas, la acidez se neutraliza con dulzura.

A su vez, el adjetivo amargo, o, mejor dicho, amargado se aplica a aquellas personas de trato áspero, que suelen estar enfadadas y mantienen una actitud negativa ante la vida. Suelen ser personas heridas emocionalmente que terminan por herir a los demás. No sé si la dulzura puede corregir la amargura, pero lo cierto es que muchos amargados tratan de aplacar sus aflicciones con golosinas.

Además, se dice que alguien es soso cuando tiene poca sal, es decir, cuando carece de gracia y viveza, que es rancio cuando piensa o actúa de forma anticuada, que es empalagoso cuando causa fastidio por su zalamería y afectación, y, por último, que es intragable cuando no se puede tolerar.

La relación entre sabores, personalidad y alimentos también se ve reflejada en varias expresiones idiomáticas, como:

«Ser más bueno que el pan», para referirse a alguien dulce, tierno.

«Ser un bombón», para referirse a alguien muy guapo.

«Estar/ser más fresco que una lechuga», se puede usar con dos sentidos: para referirse a alguien que está descansado y animado, o aun, para referirse a alguien desvergonzado, que abusa de la confianza de los demás.

«Ser un chorizo», en Argentina, significa ser un ladrón.

«Ser un churro», en Paraguay y en algunas partes de Colombia, significa ser atractivo. En Argentina se refiere a una persona atractiva, pero también designa un cigarrillo de marihuana, así como en México. En España y en algunas partes de Colombia, también se usa como sinónimo de chapuza, de un trabajo mal hecho, de mala calidad.

«Estar como un fideo», para referirse a alguien muy delgado.

«Estar de mala leche», se refiere a alguien que está de mal humor.

«Estar hasta en la sopa», para referirse a alguien que está en todas partes.

«Estar como zanahoria», se refiere a una persona que se encuentra sana.

«Estar como un queso», para referirse a alguien atractivo.

«Estar avinagrado», para referirse a alguien que tienen una actitud negativa, amargada.

«Ponerse como un tomate», se refiere al hecho de ponerse colorado de vergüenza. 

«Perder el mojo», se refiere a perder la esencia, el encanto.

«Estar en su salsa», se dice cuando uno disfruta de algo que está haciendo y se siente como pez en el agua o como Pedro por su casa, es decir, muy cómodo, muy a gusto.

«Tener miga», significa tener sustancia, tener contenido.

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