terça-feira, 15 de abril de 2014

Diferenças ortotipográficas entre o espanhol e o português



A tipografia é a forma gráfica de expressar a linguagem e a ortotipografia é o conjunto de usos e convenções particulares que regem a escrita em cada língua.



Apesar da semelhança, o português e o espanhol apresentam diferenças ortotipográficas entre si. Vejamos algumas delas:



Pontos de interrogação e exclamação


Em espanhol, usam-se os pontos de exclamação e interrogação invertidos no início da frase.

¿Qué significa esto?

¡Me parece estupendo!



Aspas (comillas)


Em português usam-se as aspas itálicas “”, em espanhol, as latinas «».

«Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.», Miguel de Cervantes.



Apesar de ser comum encontrarmos aspas itálicas nos textos em espanhol, seu uso é considerado um anglicismo.



Hífen (guion) e prefixos


Em espanhol, o prefixo une-se à palavra sem prefixo, assim, escreve-se: exdirector, microcomponente, posgrado, vicepresidente, microondas, antirrobo, prerrequisitos, etc.



Hífen e pronomes


Em espanhol, não se usa o hífen para separar uma forma verbal de um pronome oblíquo átono que a segue. O verbo e os pronomes se aglutinam e formam uma só palavra. Exemplos: sentirse, ponérselo, dármela, explícale, quítaselo, ponlo.



Travessão (raya)


Em espanhol o travessão vai sempre colado à palavra que o sucede quando abre o inciso e à que o antecede quando o fecha.

Exemplo:

Venezuelaprimer lugar de tierra firme avistado por Colón en su tercer viaje a América (1498)tenía, por aquel entonces, unos 300 000 habitantes.



Em espanhol, cada intervenção num diálogo inicia-se com um travessão colado à primeira palavra sem espaço:

    —¿Sabe si en el momento de caer subía o bajaba la escalera?

    —Bajaba.

    —¡Alabado sea Dios! —exclama mister Mac—. Si bajaba, llevaba la botella vacía.



Como se pode observar nos exemplos anteriores, as intervenções do autor aparecem entre os travessões que aparecem colados à primeira e à última palavra da intervenção.



Trema (diéresis)
 
Em espanhol, ao contrário que no português, ainda se utiliza a trema sobre a vogal “u” para indicar que esta deve ser pronunciada em combinações como gue e gui: vergüenza, pingüino, lingüística.

Vírgula (coma)

Em português, após uma saudação no cabeçalho de uma carta, e-mail ou afins, colocamos a vírgula: "Querida amiga,"; em espanhol, as fórmulas de saudação são seguidas de dois pontos e não de vírgula: "Querida amiga:". Ao colocar um vocativo, aí sim a vírgula se faz necessária diante desse vocativo. Exemplo: "Hola, Rosa:"

sexta-feira, 11 de abril de 2014

Expressões idiomáticas relacionadas à terra, à agricultura




Aqui se planta, aqui se colhe = nesta vida haveremos de responder pelos nossos atos. (Aquí se hace y aquí se paga).
Catar coquinho = expressão que demonstra insatisfação, vontade de livrar-se de alguém que é inoportuno, semelhante a plantar batatas. (Vete a freír espárragos o a freír churros).
Colher os frutos = desfrutar dos resultados de um esforço. (Cosechar los frutos).
Colher o que se planta = cada um colhe aquilo que planta, em sentido figurado quer dizer que cada um recebe de volta aquilo que oferece. (Lo que se siembra se cosecha).
Cortar o mal pela raiz = acabar com um determinado problema antes que ele se alastre. (Cortar el mal por la raíz).
Dar mais do que chuchu na cerca = Tem duplo sentido, pode referir-se a algo muito abundante, muito frequente e comum, mas também pode ser usado para referir-se a moças, digamos “fogosas”. (Ser una plaga”, “Para dar y vender” – en el sentido de algo muy abundante).
Frutos de um casamento = filhos. (Frutos de un matrimonio).
Fruto = vantagem, proveito, resultado, consequência. (Fruto).
Jogar verde para colher maduro = jogar uma indireta para que alguém revele a verdade (Echar el anzuelo a ver qué se pesca).
Preparar o terreno = Retirar os obstáculos de, limpar a passagem para transpor desafios, alcançar objetivos. (Preparar la tierra).
Preparar a terra para receber a semente = preparar alguém para receber um ensinamento. (Preparar la tierra para recibir la semilla)
Plantar a semente = aquilo que, com o tempo, há de produzir certos efeitos. (Plantar la semilla).
Plantar bananeira = postar-se com a cabeça para baixo e os pés levantados. (Hacer el pino).
Plantar batatas = parar de incomodar; ir embora; não ser importuno “vá plantar batatas”. (Vete a freír espárragos o a freír churros).
Quem semeia vento, colhe tempestade = quem pratica maldades ou incentiva a discórdia terá de arcar com as consequências de seus atos. (Quien siembra viento, recoge tempestades).
Separar o joio do trigo = o joio é da família das gramíneas e cresce caracteristicamente nas plantações de trigo, e é daninha em razão de seus frutos serem infestados por fungos, por analogia significa separar aquilo que é prejudicial do que é bom. (Separar el trigo de la paja).
Ser farinha do mesmo saco = ser da mesma natureza, equivaler-se (coisas ou pessoas), no sentido negativo: ser alguém cujos defeitos são semelhantes aos de outro. (Ser harina del mismo costal / Ser tal para cual / Ser de la misma calaña).

quinta-feira, 10 de abril de 2014

¿Prorreforma, pro-reforma o pro reforma?



El ‘pro’ puede ser un prefijo, una preposición o un sustantivo, según el papel que desempeñe en el contexto.



Prefijo ‘pro-


En español los prefijos se unen a la palabra principal sin guion, el prefijo “pro” puede tener varios significados, entre ellos:

‘a favor de’ (provida, proaborto, proimperialista);

'por' o 'en vez de' (pronombre, procónsul);

'ante' o 'delante de' (prólogo, progenitor);

impulso o movimiento hacia delante (promover, propulsar, proseguir);

'publicación' (proclamar, proferir);

negación o contradicción (prohibir, proscribir).



Así la forma correcta es “prorreforma” sin guion y la erre se duplica para conservar el sonido. La palabra ‘prorreforma’ significa ‘a favor de la reforma’.



Ejemplo de uso:

«Pero quizá lo más importante es hasta qué punto sus reformas movilicen y motiven a su gente y generen un clima “prorreforma” en la base, que a su vez, mueva a las estructuras a avanzar en esta dirección.» (El País, versión en línea)



Preposición ‘pro’


No debemos confundir el prefijo ‘pro-’ con la preposición ‘pro’. Como preposición ‘pro’ significa ‘a favor de’, ‘en beneficio de alguien o de algo’ y se antepone a sustantivos sin determinante. Se escribe siempre separada del sustantivo al que acompaña. Ejemplo: Fundación pro Real Academia Española, Movimiento Pro Amnistía, Comité Pro Derechos Humanos. Se trata de una campaña pro damnificados.



Sustantivo ‘el pro/los pros’
 
Como sustantivo significa ‘provecho o ventaja’, es masculino y su plural es pros «Analizaba los pros y los contras». Forma también la locución preposicional ‘en pro de’, a favor de: «Mantengamos nuestra actitud en pro de la educación de buena calidad».

Frase do dia


"Renda-se, como eu me rendi. Mergulhe no que você não conhece como eu mergulhei. Não se preocupe em entender, viver ultrapassa qualquer entendimento."

quarta-feira, 9 de abril de 2014

Traducción del cuento "Felicidad Clandestina", de Clarice Lispector






Felicidad Clandestina
Clarice Lispector

Traducción: Diana Margarita

Ella era gorda, baja, pecosa y tenía el pelo demasiadamente rizado, medio rojizo. Tenía un busto enorme, mientras nosotras aún éramos planas. Como si eso no bastara, se llenaba los dos bolsillos de la blusa, por encima del busto, con caramelos. Pero tenía lo que a cualquier niño devorador de historias le gustaría tener: un padre dueño de una librería.


Poco provecho le sacaba. Y nosotros menos aún: incluso para los cumpleaños, en vez de al menos un librito barato, ella nos entregaba en manos una postal de la tienda del padre. Y encima era del mismo paisaje de Recife, donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra bordadísima palabras como “fecha natalicia” y “te echo de menos”.

Pero qué talento tenía para la crueldad. Ella entera era pura venganza, mientras comía caramelos ruidosamente. Cómo debía odiarnos esa niña, a nosotras que éramos imperdonablemente bonitas, elegantes, altas, con el pelo suelto. Conmigo ejerció con serena ferocidad su sadismo. En mi ansiedad de leer, ni notaba las humillaciones a que ella me sometía: seguía implorándole que me prestara los libros que ella no leía.


Hasta que le llegó el magno día de comenzar a ejercer sobre mí una tortura china. Como que de casualidad, me avisó que tenía Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato.


Era un libro grueso, Dios mío, era un libro para quedarse a vivir con él, para comérselo, para dormírselo. Y completamente por encima de mis posibilidades. Me dijo que pasara por su casa al día siguiente y que me lo prestaría.


Hasta el día siguiente, me convertí en la misma esperanza de la alegría: no vivía, nadaba despacio en un mar suave, las olas me llevaban y me traían.

Al día siguiente fui a su casa, literalmente corriendo. Ella no vivía en un piso como yo, sino en una casa. No me invitó a entrar. Mirándome bien a los ojos, me dijo que le había prestado el libro a otra niña, y que volviera al día siguiente a buscarlo. Boquiabierta, salí despacio, pero pronto la esperanza volvía a invadirme y volvía a andar saltando por la calle, ese era mi modo extraño de andar por las calles de Recife. Esta vez ni me caí: me guiaba la promesa del libro, el día siguiente llegaría, los días siguientes serían más tarde mi vida entera, el amor por el mundo me esperaba, anduve saltando por las calles como siempre y no me caí ni una sola vez.


Pero no se quedó simplemente en eso. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo ante la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Para oír la respuesta tranquila: aún no tenía el libro, que volviera el día siguiente. Yo apenas sabía como más tarde, durante el transcurso de la vida, el drama del “día siguiente” con ella se repetiría con mi corazón palpitante.


Y así prosiguió. ¿Por cuánto tiempo? No lo sé. Ella sabía que sería por tiempo indefinido, mientras la hiel no se escurriera por completo de todo su cuerpo grueso. Yo ya había comenzado a adivinar que ella me había elegido para sufrir, a veces adivino. Pero, aún adivinando, a veces lo acepto: como si quien quisiera hacerme sufrir estuviera necesitando extraordinariamente que yo sufra.


¿Por cuánto tiempo? Yo iba diariamente a su casa, sin faltar un día siquiera. A veces ella me decía: pues tuve el libro ayer por la tarde, pero tú solo viniste por la mañana, así que se lo presté a otra niña. Y a mí, que no se me daban las ojeras, sentía que las ojeras se me cavaban debajo de los ojos asombrados.


Hasta que un día, cuando me encontraba delante de la puerta de su casa, oyendo humilde y silenciosa su rechazo, apareció su madre. A ella debía parecerle rara la aparición muda y diaria de aquella niña a la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortada de palabras poco aclaradoras. A la señora le parecía cada vez más raro el hecho de no estar entendiendo. Hasta que esa madre buena lo entendió. Se dio la vuelta hacia su hija y con enorme asombro exclamó: ¡pero si este libro nunca salió de aquí de casa y ni quisiste leerlo!


Y lo peor para esa mujer no era descubrir lo que sucedía. Debía ser el descubrimiento horrible de la hija que tenía. Ella nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida y la niña rubia parada delante de la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces que, finalmente recomponiéndose, le dijo firme y tranquila a la hija: vas a prestarle el libro ahora mismo. Y a mí: “Y tú quédate con el libro el tiempo que quieras.” “¿Entienden? Eso valía más que darme el libro: por el tiempo que yo quisiera” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener el valor de querer.


¿Cómo contar lo que sucedió a continuación? Yo me encontraba aturdida, y así recibí el libro en manos. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no salí saltando como siempre. Salí andando bien despacio. Sé que sostenía el libro grueso con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Cuánto tiempo tardé en llegar a casa, tampoco importa. Mi pecho estaba caliente, mi corazón, pensativo.


Al llegar a casa, no me puse a leer. Fingía que no lo tenía, solo para después sentir el susto de tenerlo. Horas después lo abrí, leí algunas líneas maravillosas, lo cerré otra vez, fui a pasear por la casa, lo aplacé más aún yendo a comer pan con manteca, fingí que no sabía dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por algunos instantes. Creaba las más falsas dificultades para aquella cosa clandestina que era la felicidad. La felicidad siempre sería clandestina para mí. Parece que yo ya lo presentía. ¡Cómo tardé! Vivía en el aire… había orgullo y pudor en mí. Era una reina delicada.


A veces me sentaba en la hamaca, meciéndome con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en puro éxtasis.
 
Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante.